{"id":1602,"date":"2019-07-13T22:48:15","date_gmt":"2019-07-13T22:48:15","guid":{"rendered":"https:\/\/laperlaaustral.com.ar\/guerra-malvinas\/?p=1602"},"modified":"2019-07-13T22:48:18","modified_gmt":"2019-07-13T22:48:18","slug":"habla-el-unico-periodista-que-estuvo-alli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laperlaaustral.com.ar\/guerra-malvinas\/habla-el-unico-periodista-que-estuvo-alli\/","title":{"rendered":"Habla el \u00fanico periodista que estuvo all\u00ed"},"content":{"rendered":"\n<p>Gente, Jueves 8 de abril de 1982, Buenos Aires, Argentina<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Habla el \u00fanico periodista que estuvo all\u00ed<\/em><\/strong><br> Por Rafael Wollmann <\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En el momento en que el avi\u00f3n dej\u00f3 la pista y apunt\u00f3 hacia el cielo \nvolv\u00ed a mirar por la ventanilla el viejo y conocido paisaje de la ciudad\n achic\u00e1ndose all\u00e1 abajo. Entonces record\u00e9 una vez m\u00e1s que era el martes \n23 de marzo y yo cumpl\u00eda 24 a\u00f1os. Pero no lamentaba estar de viaje. Ese \nmismo avi\u00f3n de LADE me dejar\u00eda, tras siete horas y media, en Puerto \nStanley, en las islas Malvinas, claro que despu\u00e9s de seis despegues y \nseis aterrizajes: el \u00abvuelo directo\u00bb inclu\u00eda escalas en La Plata, Mar \ndel Plata, Bah\u00eda Blanca, Neuquen y Comodoro Rivadavia.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>&nbsp;Por\n fin, despu\u00e9s de un salto sobre el mar, llegar\u00eda a las Islas Soledad y \nGran Malvina. All\u00ed estaba mi nota, la que deber\u00eda contar a la agencia \nfrancesa \u00abGamma\u00bb a trav\u00e9s de no s\u00e9 cu\u00e1ntos \u00abclicks\u00bb de mi c\u00e1mara \nfotogr\u00e1fica.<br>Junto con mis documentos estaba la famosa tarjeta blanca\n por la que tanto hab\u00eda corrido. Por la v\u00eda normal eran necesarios dos \nmeses para tramitarla en la Canciller\u00eda. Yo la hab\u00eda conseguido en diez \nd\u00edas y ah\u00ed estaba volando <br>hacia el sur, recordando lo que hab\u00eda \nle\u00eddo en \u00abLa Raz\u00f3n\u00bb el lunes a la noche y que ahora rele\u00eda en \u00abClar\u00edn\u00bb: \nen las islas Georgias del Sur hab\u00eda desembarcado un grupo de operarios \nargentinos para desmontar las instalaciones de una factor\u00eda ballenera. Y\n hab\u00eda problemas, y tal vez mi nota pod\u00eda ser algo m\u00e1s que \u00abvida \ncotidiana en las Malvinas\u00bb, seg\u00fan me lo <br>hab\u00edan pedido. Hab\u00eda un conflicto planteado. Tal vez pod\u00eda ser algo m\u00e1s que una nota de costumbres.<br><br>Puntual,\n el avi\u00f3n de LADE toc\u00f3 la pista a las 15.30. All\u00ed estaba yo, mirando \nc\u00f3mo me miraban, los \u00abBritish\u00bb de las \u00abFalklands\u00bb. No parec\u00edan \namistosos. Me estudiaban.<br>Al d\u00eda siguiente empec\u00e9 a trabajar procurando que nadie se sintiera molesto.<br>C\u00e1mara en mano recorr\u00ed el pueblo. Hablando poco. Tratando de acercarme.<br>Poco\n a poco pude conseguirlo. Como les hablaba en su mismo idioma fue m\u00e1s \nsencillo; las charlas en los pubs, durante las caminatas y en los \nalmacenes, comenzaron a ser frecuentes. El tema era casi siempre el \nmismo: \u00abLos argentinos tendr\u00edan que haber golpeado y entrado por la \npuerta principal, no la de servicio\u00bb. Quer\u00edan decirme que para desmontar\n la factor\u00eda de las Georgias debieron realizar el tr\u00e1mite diplom\u00e1tico, \nconseguir la tarjeta blanca y luego proceder. Les preocupaba ese hecho y\n se preguntaban cu\u00e1l ser\u00eda la reacci\u00f3n de la Corona. Si conven\u00eda que el \n\u00abEndurance\u00bb interviniera <br>y sacara a los operarios o era mejor que a esa misi\u00f3n la cumpliera un buque neutral. Ese era el tema casi constante.<br>El\n martes 30, en el aeropuerto, conoc\u00ed a Simon Winchester, un periodista \nenviado por el diario brit\u00e1nico The London Sunday Times. Me cont\u00f3 las \n\u00faltimas noticias sobre las Georgias y al instante los dos ten\u00edamos la \nmisma preocupaci\u00f3n: c\u00f3mo llegar a esa remota isla. Ning\u00fan avi\u00f3n ten\u00eda la\n autonom\u00eda suficiente para realizar ese largo vuelo y, mucho menos, \nning\u00fan barco se atrev\u00eda a cruzar el oc\u00e9ano hasta all\u00e1. S\u00f3lo pod\u00edamos \npreocuparnos.<br>Pero comenc\u00e9 a creer que la situaci\u00f3n pod\u00eda cambiar \ncuando el jueves 1\u00ba de abril, a la ma\u00f1ana, habl\u00e9 con un navegante \nchecoslovaco que hac\u00eda diez meses hab\u00eda iniciado una traves\u00eda que, el \npr\u00f3ximo verano, lo llevar\u00eda hasta la Ant\u00e1rtida. Su velero estaba anclado\n en Puerto Stanley y en \u00e9l me invit\u00f3 a tomar un t\u00e9. Charlamos un rato y \nen cierto momento le deslic\u00e9 la pregunta: \u00bfNo ir\u00eda a las Georgias? Me \nexplic\u00f3 que no era importante para su curr\u00edculo de navegante llegar \nhasta all\u00ed. Que era suficiente con haber arribado a las Falklands. Pero \nla idea prendi\u00f3 en \u00e9l. Puso sus cartas mar\u00edtimas sobre la <br>mesa, sac\u00f3\n compases, hizo c\u00e1lculos y me dijo que si lo necesitaba pod\u00edamos ir. Iba\n a ser duro. Deb\u00edamos navegar a oc\u00e9ano abierto y para ir har\u00edan falta \ncinco o siete d\u00edas porque el viento estar\u00eda a favor. Pero para volver \ntendr\u00edamos que estar en el mar 14 \u00f3 20 d\u00edas.Entusiasmado, le promet\u00ed \nregresar unas horas despu\u00e9s con Simon para darle una respuesta.<br>Volvimos y ese mismo d\u00eda navegamos durante dos horas y media por la bah\u00eda <br>que\n protege a Puerto Stanley. Era nuestro entrenamiento como tripulantes \ndel velero de diez metros. Ya en tierra, decidimos que al d\u00eda siguiente,\n 2 de abril, volver\u00edamos para hacer una lista de las provisiones y los \nequipos que <br>necesitar\u00edamos para el viaje: trajes de agua, guantes.<br>Simon\n y yo llegamos a las 19.30 al hotel Upland Goose. Era la hora de la cena\n y, tambi\u00e9n, el momento en que Patrick Watts, locutor y nativo de las \nislas, comenzaba a transmitir desde la \u00fanica radio, la Falklands Islands\n Broadcasting Station. La programaci\u00f3n era casi siempre la misma: hasta \nlas 19.45, la tanda de avisos calsificados mediante los cuales los \nhabitantes anunciaban sus ventas, desde una estufa hasta fruta fresca, \nlo m\u00e1s escaso y necesario. A las 19.45 comenz\u00f3 el programa de deportes \ntransmitido en directo por la BBC de Londres y a las 20, como siempre, \nlleg\u00f3 el panorama informativo. Se leyeron noticias de las Georgias pero \nninguna era alarmante.<br>Aqu\u00ed quiero destacar la importancia que para \nlos isle\u00f1os tiene la radio que opera Patrick Watts: para ellos es el \n\u00fanico medio de comunicaci\u00f3n, de contacto entre ellos y el mundo \nexterior. Desde el momento en que comienza a transmitir nadie la apaga. \nIncluso en muchas casas antiguas no tienen aparato de radio sino \nsolamente un parlante conectado directamente a la radioemisora a trav\u00e9s \nde un cable. Para ellos es todo: noticias de las estancias distantes, \nnovedades triviales, mensajes personales. Todo.<br>A las 20.15 ocurri\u00f3 \nalgo. Se comunic\u00f3 que el programa ser\u00eda alterado porque Rex Hunt, \ngobernador de las islas, dirigir\u00eda un mensaje. En su ingl\u00e9s n\u00edtido y de \ntono paternal, Hunt comenz\u00f3 se\u00f1alando que \u00abel canciller argentino, Costa\n Mendez, no quiere usar los canales diplom\u00e1ticos para solucionar el \nproblema de las Islas Georgias del Sur. Sumado a lo que dijo el ministro\n agreg\u00f3- hay una gran evidencia que de las Fuerzas Armadas Argentinas se\n preparan para invadir las islas Falklands. En estas circunstancias, el \nConsejo de Seguridad ha dado los siguientes puntos a ser aplicados en <br>Stanley, ya que no cree que en el campo ocurra algo y que deban ser tomadas medidas all\u00ed.\u00bb<br><br>A\n continuaci\u00f3n, en medio de un clima muy tenso, enumer\u00f3 esos puntos: \u00abHe \nalertado a los marines reales y convocado a los miembros activos de las \nFalklands Islands Defense Force para que se presenten al Drill Hole lo \nm\u00e1s <br>pronto posible. Van a estar de guardia en lugares claves de la \nciudad. Los colegios van a estar cerrados ma\u00f1ana. La estaci\u00f3n de radio \nseguir\u00e1 en el aire hasta pr\u00f3ximas noticias. Si el Consejo de Seguridad \nest\u00e1 pidiendo que se mantenga la paz con el gobierno argentino, supongo \nque tendr\u00e9 que declarar el estado de emergencia antes del amanecer. Voy a\n volver al aire ni bien tenga algo que decir, pero mientras tanto les \npido a todos que se mantengan calmos, fuera de las calles, en particular\n no circulen por el camino al aeropuerto, qu\u00e9dense adentro y no agreguen\n problemas al Consejo de <br>Seguridad haciendo demostraciones o da\u00f1ando\n propiedades argentinas. Eso va a jugar a favor de ellos y proveerlos de\n la excusa que necesitan para invadirnos. As\u00ed que por favor no tomen las\n leyes por sus propias manos. Eso les va a demostrar a nuestros \nvisitantes que somos ciudadanos responsables, obedientes de las leyes y \nresueltos.\u00bb<br>Todos est\u00e1bamos mudos, helados. No lo pod\u00edamos creer. En \nel comedor, estaban cuatro periodistas ingleses, ocho operarios de Gas \ndel Estado, un visitante brit\u00e1nico de apellido Carisley, los due\u00f1os del \nhotel, el matrimonio King y <br>sus cuatro hijos. Luego del discurso el \nsilencio sigui\u00f3 y continu\u00f3 a\u00fan m\u00e1s, porque de inmediato las palabras de \nRex Hunt fueron retransmitidas. Todos nos mir\u00e1bamos, callados, pero yo \nsent\u00eda que los ojos se clavaban mucho m\u00e1s <br>en m\u00ed porque sab\u00edan que hablaba ingl\u00e9s. Despu\u00e9s me preguntaron qu\u00e9 opinaba. Les dije que no cre\u00eda esa noticia.<br>Nos\n levantamos, dejamos la comida casi intacta (cordero, como todas las \nnoches, todos los d\u00edas) y junto con los cuatro periodistas ingleses \ncaminamos hacia la oficina de telex para tratar de hablar cada uno con \nsu pa\u00eds. Ellos pasaron las noticias a sus diarios. Yo no pude hablar con\n Buenos Aires. No se escuchaba nada a trav\u00e9s de la l\u00ednea. Cort\u00e9.<br><br>Entonces,\n nos dirigimos a la casa del gobernador Hunt. Al llegar los marines ya \nestaban en acci\u00f3n: hab\u00eda armas en el piso y el pertrechamiento \ncomenzaba. Hunt nos recibi\u00f3. Apenas un minuto. Estaba nervioso, sin \nafeitar. Reiter\u00f3 las noticias que pose\u00eda&nbsp;acerca de una inminente \ninvasi\u00f3n y nos dijo que pronto ver\u00edamos los primeros signos. Hab\u00eda cinco\n barcos argentinos cerca de Stanley. Cortesmente, nos pidi\u00f3 que no nos \nmeti\u00e9ramos en el camino, que por seguridad no obstaculiz\u00e1ramos lo que \nellos deb\u00edan hacer. Nos autoriz\u00f3 a circular por las calles y se \ndespidi\u00f3.<br>Corriendo, salimos hacia el Drill Hole, un gran galp\u00f3n en \nel medio de la ciudad. All\u00ed estaban los marines y los integrantes de la \ndefensa civil en pleno entrenamiento. Eran treinta hombres preparando \nsus armas. Uno de ellos <br>nos vio y, tambi\u00e9n cortesmente, nos ech\u00f3. \n\u00bfD\u00f3nde ir..? A la radio. All\u00ed estaba Patrick repitiendo: \u00abNo nos pueden \nquitar esto\u00bb. Se preparaba para transmitir durante toda la noche. Nos \npregunt\u00f3 si hab\u00edamos hablado con las autoridades argentinas y ante \nnuestra negativa decidi\u00f3 que todos fu\u00e9ramos a visitarlos en su Land \nRover. El vicecomodoro Gamen nos recibi\u00f3 con un whisky. Tambi\u00e9n estaba \nel vicecomodoro Gilabert . Nos preguntaron qu\u00e9 nos hac\u00eda falta. Ellos no\n sab\u00edan nada. (Despu\u00e9s me enterar\u00eda que la respuesta estaba condicionada\n por la seguridad del operativo).<br>Hab\u00edamos llegado a las 23 y una \nhora despu\u00e9s regres\u00e1bamos al hotel para seguir escuchando radio. La \npsicosis de la guerra hab\u00eda comenzado: los habitantes de las Malvinas \nllamaban a la radio y todo lo que dec\u00edan sal\u00eda en directo al aire. \nComentaban que hab\u00edan escuchado motores de helic\u00f3pteros, que ve\u00edan \nsombras, cosas raras, extra\u00f1as, disparatadas algunas. A las 2.15 subimos\n a nuestras habitaciones.<br><br>Yo puse el despertador para que sonara a\n las 4.30 y me recost\u00e9, sentado y vestido, con la c\u00e1mara colgada al \nhombro.El despertador nunca son\u00f3 porque a las 4 golpearon muy fuerte en \nmi puerta. Abr\u00ed. Eran dos marines. Hab\u00edan golpeado la puerta con la \nculata de sus armas, ten\u00edan las caras pintadas de negro. Me preguntaron \npor mister King. <br>D\u00f3nde estaba. En ese momento apareci\u00f3 \u00e9l, envuelto \nen su bata. Le comunicaron que ten\u00edan orden de llevar a todos los \nargentinos hospedados all\u00ed. A m\u00ed no. No me explicaron por qu\u00e9. Pero \ndeduje que conocer\u00edan la decisi\u00f3n del gobernador.<br>Entonces, con mis \ncuatro colegas brit\u00e1nicos, corrimos nuevamente hacia la casa del \ngobernador. Hac\u00eda mucho fr\u00edo: dos grados. Esta vez no nos recibi\u00f3 pero \nsu secretario nos advirti\u00f3 que era peligroso que sali\u00e9ramos a la calle, <br>puesto\n que los marines ten\u00edan orden de disparar sobre todo aquello que se \nmoviera. Nos ofreci\u00f3 su casa \u2013separada por una vivienda de la residencia\n del gobernador- para pasar la noche y hacia all\u00e1 fuimos con la <br>orden\n precisa de mantener las luces apagadas. All\u00ed est\u00e1bamos los cuatro \nperiodistas ingleses, Don Bonner, el chofer de Rex Hunt, y yo adem\u00e1s de \nun gato blanco y gris. Eran las 4.10.<br>Todo estaba en silencio y a \noscuras. En m\u00ed reloj vi que eran las cinco cuando se escucharon los \nprimeros disparos. R\u00e1fagas de ametralladora y el estampido de morteros. \nMuy cerca, en la casa del gobernador. Escuch\u00e1bamos, sin poderlas \ndescifrar, las \u00f3rdenes que daban los marinos para organizar la defensa.<br>Subimos\n hasta un dormitorio ubicado en la planta alta. Nunca voy a olvidar ese \nmomento: suavemente, por debajo del estampido de las armas, pod\u00edamos \nescuchar la m\u00fasica de \u00abEl lago de los cisnes\u00bb que transmit\u00eda la radio. \nEl <br>tiroteo continuaba afuera. Nosotros, tirados en el piso de la \nhabitaci\u00f3n, pod\u00edamos o\u00edr eso y la radio que segu\u00eda emitiendo m\u00fasica y \nlos llamados de los habitantes de Puerto Stanley que se pasaban mensajes\n entre s\u00ed, preguntaban unos por otros, hablaban de la guerra, contaban \nlo que hab\u00edan visto en llamados directos que sal\u00edan al aire. Era una \nsituaci\u00f3n muy extra\u00f1a <br>para nosotros: nos aturd\u00eda el seco ruido de \nlas armas, de a ratos escuch\u00e1bamos m\u00fasica cl\u00e1sica y luego los relatos \ndel combate y, por encima de todo, soport\u00e1bamos al gato, el condenado \ngato que se hab\u00eda puesto mimoso, ronroneaba y caminaba sobre nosotros.<br>A\n las 6.15 escuch\u00e9 un llamado. Alguien grit\u00f3: \u00ab\u00a1Alvarez&#8230;!\u00bb y despu\u00e9s \nuna frase ininteligible. Nos miramos. Los ingleses me preguntaron si \nesas palabras hab\u00edan sido pronunciadas en castellano. Les dije que s\u00ed. \nYa no hab\u00eda dudas: los soldados argentinos estaban en las Islas Malvinas\n y peleaban por recuperarlas.<br><br>A las 6.25, bruscamente, se detuvo \nel fuego. Desde el terrible silencio se escucharon los gritos de un \nhombre que en perfecto ingl\u00e9s ped\u00eda al gobernador Rex Hunt que se \nrindiera.Todav\u00eda estaba oscuro. Cu\u00e1nto tardaba en amanecer. El silencio \nno se disipaba.<br>Cuando aclar\u00f3 un poco, trat\u00e9 de mirar hacia la casa \ndel gobernador pero justo ah\u00ed frente a la ventana y en esa isla pelada, \nestaban dos \u00e1rboles que me imped\u00edan ver. Los \u00e1rboles y la casa del \nchofer de Hunt. En otra direcci\u00f3n descubr\u00ed que estaban ocultos algunos \nmarines. Detr\u00e1s de autom\u00f3viles, arbustos y cercos. Despu\u00e9s recomenzaron \nlos disparos aunque en forma aislada. A las 7.30 habl\u00f3 por la radio \nmister Lamb, jefe de polic\u00eda, para declarar el estado de emergencia. \nNadie pod\u00eda salir de las casas, nadie deb\u00eda ir al colegio. Nada. Luego, \nvolvi\u00f3 la m\u00fasica cl\u00e1sica hasta que un <br>llamado telef\u00f3nico desde el \nhospital inform\u00f3 que la situaci\u00f3n era normal y que no hab\u00eda heridos. \nS\u00f3lo estaban all\u00ed los ciudadanos brit\u00e1nicos enfermos.<br>Media hora \ndespu\u00e9s se oy\u00f3 al gobernador Hunt decir que hab\u00eda decidido no rendirse \n\u00aba estos bloody argentinos (malditos argentinos)\u00bb. Y para que no \nquedaran dudas dijo: \u00abY por cierto que no\u00bb.<br>Continu\u00e1bamos siendo \ntestigos de la recuperaci\u00f3n (bueno, solo para m\u00ed) de las Malvinas a \ntrav\u00e9s de la radio y lo poco que pod\u00edamos ver hasta ese momento, es \ndecir, marines agazapados cerca de la casa de gobierno. A las 7.45 una \nmujer cont\u00f3 que hab\u00eda visto un gran helic\u00f3ptero cerca del aeropuerto. \nAfuera, comenz\u00f3 un tiroteo violent\u00edsimo y en ese momento comenz\u00f3 a ser \ninterferida la radio. Mientras se ajustaba la frecuencia, se alternaban \nvoces en ingl\u00e9s y castellano hasta que sali\u00f3, impecable este mensaje \ndicho por uno de nuestros soldados, supongo. El dijo: \u00abEs un llamado al \ngobierno colonial de las Islas Malvinas. Tenemos una gran fuerza. <br>Queremos\n ser fieles a nuestros principios cristianos y occidentales y no \nqueremos hacerles ning\u00fan da\u00f1o. Queremos que est\u00e9n todos bien.\u00bb<br><br>Luego,\n Patrick Watts sigui\u00f3 en su trabajo y a las 8 pidi\u00f3 que no se disparara \ncontra un hombre que ir\u00eda caminando por Ross Road, llevando una bandera \nblanca, hacia la casa del gobernador. De inmediato, conect\u00f3 con la BBC, \nque en su primer noticiero del d\u00eda informaba que era inminente un ataque\n a las Falkland Islands. Pens\u00e9: no saben lo viejas que son sus noticias.<br>A\n las 8.10 vi por la ventana que en un recodo del camino que lleva a la \ncasa de Hunt apareci\u00f3 el vicecomodoro Gilabert. Levant\u00e9 la c\u00e1mara y \napunt\u00e9 hacia \u00e9l con el teleobjetivo de 180 mil\u00edmetros. Alcanc\u00e9 a oprimir\n dos veces el <br>obturador. Dos fotos. Alguien, no s\u00e9 de donde, en ese \nmismo momento, apretaba un gatillo y disparaba una bala que hizo \nexplotar el vidrio de la ventana de dos hojas por la que me asomaba. Esa\n bala pas\u00f3 a un metro y se hundi\u00f3 en la pared, a menos de medio metro de\n uno de los periodistas ingleses. Nos tiramos otra vez al piso y con \nmucho miedo nos arrastramos hacia la planta baja, donde estaba la \ncocina.<br>Para descomprimir la situaci\u00f3n y darnos \u00e1nimos unos de los \nmuchachos dijo: \u00abBueno, yo lo siento mucho pero estoy muerto de hambre\u00bb.\n Y prepar\u00f3 t\u00e9, huevos revueltos y a cada uno nos lo sirvi\u00f3 con pan. Pero\n yo apenas pude <br>tragar algo. Ten\u00eda un nudo apretado muy fuerte en el est\u00f3mago y no me importaba el hambre que ten\u00eda.<br>A\n las 8.15 Patrick anunci\u00f3 que la bandera argentina ya flameaba en Moody \nBrook, el cuartel de los marines, diciendo que hab\u00eda sido ocupada sin \nresistencia porque estaba vac\u00edo. Los soldados ingleses ya lo hab\u00edan \nabandonado.<br>8.25. Gilabert habla por radio para decir que quiere \nencontrarse con el comandante de operaciones argentino frente a la \nIglesia. Que venga acompa\u00f1ado por un hombre y con bandera blanca. En \ntanto, los malvinenses segu\u00edan cont\u00e1ndose entre s\u00ed sus historias a \ntrav\u00e9s de las ondas. Alguien dijo que una casa hab\u00eda sido da\u00f1ada: otro, \nque hab\u00eda visto aviones <br>argentinos volando sobre Green Patch, al \nnorte de Stanley. Despu\u00e9s, otro anunci\u00f3: el comandante argentino se \ndirig\u00eda hacia la iglesia para hablar con Gilabert.<br><br>Como lo hab\u00eda \nhecho durante toda la noche, en mi min\u00fascula libretita negra segu\u00eda \nanotando lo que ve\u00eda, o\u00eda y sent\u00eda. A las 8.50 escrib\u00ed: \u00abVeo los \nprimeros tanques argentinos avanzando por Ross Road y detr\u00e1s de ellos, \ncaminando lentamente en posici\u00f3n de combate, los soldados. Tienen las \ncaras pintadas de negro\u00bb.<br>A su paso, los marines sal\u00edan de sus \nescondites sin armas y con los brazos arriba, las manos apoyadas en la \nnuca. Era el momento de rendirse. Me asomo a la ventana y comienzo a \nsacar fotos nuevamente. Pero antes salud\u00e9 a los soldados, les dije que \nera periodista argentino. Pidieron que no los fotografiara: Me miraban \ncon extra\u00f1eza, como pregunt\u00e1ndose \u00abY este, \u00bfde d\u00f3nde sali\u00f3?\u00bb.<br>En ese momento, las 9.15, la radio anuncia que las Falklands Islands Defense Force se han rendido.<br>Salgo\n a la calle y camino hacia la casa del gobernador. Nadie me impide \ntrabajar. Los soldados argentinos, cuidadosamente y sin gestos \nagresivos, palpaban a los marines a quienes le retiraban las armas \ncortas y los conduc\u00edan a un lugar del patio de la residencia, donde los \nagrupaban parados sobre el c\u00e9sped. Vuelvo a Ross Road y ah\u00ed saco la foto\n de los marines tirados sobre el asfalto. Los que segu\u00edan llegando \n(sal\u00edan de todas partes) se acostaban al lado de aqu\u00e9llos. En ese \nmomento sale un Land Rover de la casa del gobernador. Llevaba un cuerpo \nenvuelto en una tela blanca. Despu\u00e9s <br>supe que \u00e9se era el primer muerto de la recuperaci\u00f3n de las islas, el capit\u00e1n Giachino.<br><br>Entonces,\n junt\u00e9 fuerzas, no pens\u00e9 en el hambre, ni en el cansancio, ni siquiera \nen la nota que estaba registrando. Comenc\u00e9 a recorrer el pueblo. <br>Era\n un desierto. Nadie se asomaba a las ventanas. Me cruc\u00e9 con columnas de \nsoldados. Los salud\u00e9. Me saludaron. Me preguntaban: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde sos?\u00bb \u00abDe\n Buenos Aires\u00bb, les contestaba. \u00abAh, yo soy de Quilmes\u00bb, me dijo uno. <br>\u00ab\u00bfCu\u00e1ndo llegaste?\u00bb, quer\u00edan saber. \u00abHace diez d\u00edas\u00bb, les contaba.<br><br>A\n las cuatro de la tarde vuelvo a pasar por la casa del gobernador. En el\n frente estaba su auto y su chofer. Veo a Rex Hunt salir con su uniforme\n de gala, seco y severo. Sube al auto y parten hacia el aeropuerto. Por \nsuerte en ese momento llega Patrick Watts y juntos vamos detr\u00e1s de Hunt.<br>En\n el camino hacia el aeropuerto Patrick ;como cualquier ingl\u00e9s- circulaba\n por la mano izquierda. De pronto, veo que aparece en el camino un auto \nargentino manejado por un argentino, que como todo argentino avanzaba \npor la derecha. Me doy cuenta que ninguno pensaba desviarse. Lo tomo del\n brazo a Patrick y le digo que vamos a chocar, que por un momento \nabandone sus costumbres brit\u00e1nicas. Justo a tiempo decidi\u00f3 ser \nrazonable. Porque para el choque falt\u00f3 muy poco.<br>En la base estaban \nlos marines esperando el momento en que ser\u00edan trasladados a Montevideo.\n Aparece el gobernador. Hab\u00eda reemplazado su uniforme por un austero \ntraje gris oscuro. Me mira y me dice, sin enojo: <br>\u00abAhora debes estar contento\u00bb.<br>Vuelvo\n al pueblo y sigo caminando, sacando fotos, hablando con los soldados. \nHasta que a las 19 llega la noche y decido volver al \u00abUpland Goose\u00bb. Me \nrecibe la se\u00f1ora de King, ve mi cara que seguramente reflejar\u00eda el \nhambre, <br>el sue\u00f1o, el cansancio y me dice que la acompa\u00f1e, que me va a dar de comer. <br>Pastel de papas con carne de cordero picada.<br>Me voy a dormir a las ocho y a esa hora, pero de la ma\u00f1ana siguiente, pongo el despertador. Esta vez son\u00f3 a la hora que quer\u00eda.<br><br>Bajo\n a tomar el desayuno. All\u00ed estaba Mr. Carisley. Le pregunto c\u00f3mo est\u00e1. \nMe responde: \u00abYo bien, pero no voy a permitir que me ofendan ustedes, \nlos argentinos\u00bb.<br>Tomo la c\u00e1mara, me la pongo al hombro y salgo otra \nvez a la calle, donde ya se asomaban algunos vecinos con sus bolsos y \ncarritos, dirigi\u00e9ndose hacia los comercios. Empec\u00e9 a caminar. Quer\u00eda \nver, vivir, fotografiar por completo <br>ese primer d\u00eda de los argentinos en las Islas Malvinas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gente, Jueves 8 de abril de 1982, Buenos Aires, Argentina Habla el \u00fanico periodista que estuvo all\u00ed Por Rafael Wollmann &nbsp;En el momento en que el avi\u00f3n dej\u00f3 la pista y apunt\u00f3 hacia el cielo volv\u00ed a mirar por la ventanilla el viejo y conocido paisaje de la ciudad achic\u00e1ndose all\u00e1 abajo. 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