¡ARTILLEROS DE FRENTE!

Guerra de Malvinas 1982

¡ARTILLEROS DE FRENTE!

Grupo de Artilleria 3

¡ARTILLEROS DE FRENTE!
Por el Sargento Horacio Alberto Godoy

Nuestra llegada a las Islas Malvinas fue quizá similar a la de muchas otras unidades. Lo que importa es que estábamos allí para combatir, más allá de las limita-ciones de medios, con todo el fervor y la aptitud necesaria. Disponíamos de obuses Oto Melara 105 mm, al igual que el GA Aerot 4 y una Ba del B1M 5, con un alcance máximo de 10.200 me-tros. Quiero destacar el orgullo que sentí de ser consciente de que, como profesionales, los cuadros estábamos aplicando todos aquellos conocimientos que habíamos adquirido, asimismo, fue motivo de orgullo y satisfacción haber conducido soldados conscriptos que sobresalieron por su voluntad y heroísmo. Este breve relato es un homenaje a mis camaradas caídos y a los que como yo, vinimos con las manos sin victoria, pero trayendo el honor de los soldados capa-ces de morir por nuestra Patria.

¡Artilleros de frente!

¡A mirar el color de la bandera con los ojos sin lágrimas!

La posición de mi batería, organizada con cuatro piezas del GA 3 y dos piezas del GA Aerot 4, se encontraba situada a nueve kilómetros al oeste de Puerto Argentino, debajo de los cerros Dos Hermanas; yo me desempeñaba como jefe de la 6ta pieza. Inicialmente habíamos participado en acciones de apoyo a nuestras tropas comando, las que, en repetidas oportunidades, incursionaron en las profundidades del dispositivo enemigo.
Ese apoyo de nuestra Ba fue hecho afortunadamente en forma coordinada, ya que era sumamente riesgoso para los que realizábamos el fuego muy cerca de ellos. El fuego de contrabatería contra las tropas inglesas lo comenzamos nosotros.

El fuego de contrabatería contra las tropas inglesas lo comenzamos nosotros. Como respuesta fuimos recibiendo, de manera cada vez más intensa, un graneado fuego enemigo que nos obligó a realizar diferentes cambios de posición. Éramos bombardeados constantemente por las baterías inglesas, lo que motivaba que tuviéramos que meternos en nuestros refugios; en cada pausa de fuego enemigo salíamos a ocupar nuestros puestos, contestábamos el fuego y volvíamos rápidamente a nuestros pozos, secuencia que se repetía sucesivamente. Esto nos valió el apodo de – Las Hormiguitas. Fue un constante duelo de artillería que sucedió por espacio de 45 minutos, hasta que cesó el fuego de las baterías inglesas para hacer un cambio de posición por medio de helicópteros.

Dios había estado nuevamente con nosotros.

Casi no hubo bajas, lo que fue un milagro porque cajas de repuestos que se encontraban a un metro del refugio del personal habían sido des-trozadas por los impactos, al igual que cajas de munición 105 mm que se en-contraban al costado de cada pieza. Uno de esos envases había prendido fuego y un soldado de mi servicio de pieza, el Sold C/62 Tula oriundo de la ciudad de Córdoba corrió a apagarla poniendo su vida en peligro. Debido a esta acción mereció una felicitación el soldado y mi jefe de batería, Teniente Primero Tessey, del jefe de la Agrupación Ejército Puerto Argentino.

Los días 8 y 9 de junio,

El enemigo ubicó su artillería hacia el este, alrededor del Monte Kent. Se apreciaba que disponía de cinco o más baterías, con un alcance de 17 kilómetros para apoyar su ataque. A fin de neutralizar la artillería enemiga, mi jefe de batería recibió la orden de preparar dos piezas para ser adelantadas durante la noche a una distancia de cinco kilómetros, al oeste del emplazamiento principal en dirección al Monte Longdon.

Lo fundamental era que el fuego propio debía efectuarse lo más rápidamente posible, pues en un lapso máximo de diez minutos el enemigo podía localizarnos con sus radares de adquisición de blancos y se desencadenada un intenso fuego de contrabatería. A las 23 horas iniciamos la marcha de casi una hora en los vehículos con las piezas a remolque. Arribamos al emplazamiento, previamente reconocido, y pusimos los obuses en batería a posición de tiro.

Luego de que nos instalamos, mi jefe de batería informó por radio que estábamos listos para abrir fuego sobre el blanco indicado, consistente en una batería enemiga, a la que se había localiza-blanco indicado, consistente en una batería enemiga, a la que se había localizado por medio de un observador aéreo que se desplazaba en helicóptero.
Las piezas estaban a cargo del Sargento Primero Carlos Andrada y yo, con la colaboración del Subteniente Barreiro, y eran comandadas por el Teniente Primero Tessey. Cada pieza estaba dotada de treinta proyectiles.

A la hora 1 del 9 de junio

Se dio la orden de fuego. Se había previsto que junto con nuestras piezas adelantadas, el resto de la artillería de la isla abriría fuego sobre distintos blancos. Esto buscaba el efecto de saturar a los radares ingleses. La coordinación era tremendamente importante. Comenzamos a abrir fuego disparando proyectil tras proyectil.
A la hora 1:10, el oficial de batería nos ordenó ocupar nuestros refugios convenidos, que se encontraban aproximadamente a 150 metros a ambos lados del centro de las piezas. Los vehículos se habían dispersado a unos 500 metros a retaguardia.

A los dos minutos de ocupar nuestros refugios reaccionó la artillería enemiga saturando de proyectiles nuestra posición. Eso duró por espacio de cinco a ocho minutos, cayendo los impac-tos muy cerca nuestro. Aproximadamente a la hora 1:18 cesó el fuego.
Nuestro jefe de batería ordenó a los conductores de los vehículos que se adelantaran para enganchar las piezas y abandonar rápidamente la posición. El día 11 de junio se produjo el ataque in-glés a la posición de Monte Dos Hermanas, Monte Harriet y Monte Longdon. El enemigo tenía una gran capacidad de ataque nocturno. Nuestras tropas, el Regimiento de Infantería 4 y una fracción del Regimiento de Infantería 7, resistieron.

Finalmente fueron rodeados por el enemigo que avanzó con un poder de fuego, produciéndose la caída de esas posiciones. 12 de junio, 8:30 horas: desde hacía tres o cuatro días las baterías enemigas, des-de posiciones ubicadas en la ladera oeste del Monte Kent, realizaron un bombardeo constante sobre las posiciones del RI 7, BIM 5 y sobre las nuestras. Las piezas de artillería inglesa estaban ubicadas en forma imprecisa, pues la altura del Monte Kent conforma una verdadera pantalla que impide la observación visual desde Puerto Argentino hacia el oeste.

El 11 de junio a las 22 horas

El comandante del Componente Aéreo de la Isla, Brigadier Castellano, estableció los acuerdos necesarios con mi jefe de grupo, Teniente Coronel Balza. La operación consistía en lo siguiente: a las 8:30 horas del 12 de junio, tres máquinas Pucará decoladan del Aeropuerto de Puerto Argentino. Minunio, tres máquinas Pucará decolarían del Aeropuerto de Puerto Argentino.

Minutos antes mi batería abriría fuego con dos piezas sobre la zona de Monte Kent, con la finalidad de aplastar posibles defensas antiaéreas enemigas, particularmente misiles Tierra Aire Blow Pipe. Posteriormente e instantes antes de que nuestras máquinas llegaran al área, debíamos marcar la zona con los obuses, empleando proyectiles fumígenos, a fin de orientar a los aviones. La misión era sumamente riesgosa para nuestros pilotos que debían volar casi al ras del suelo. Además, la coordinación debía ser extremadamente precisa pues de lo contrario la trayectoria de nuestros obuses interceptarían la ruta de los Pucará. Por último: la duración de la misión desde el decolaje del primer avión hasta que llegara al blanco era de aproximadamente 2 minutos 30 segundos. Volarían a una velocidad de 300/500 nudos.

A las 6:35 horas emprendimos la marcha hacia la zona previamente reconocida por mis superiores, con dos obuses, uno a cargo mío y el otro del Sargento Primero Andrada, quien iba acompañado por nuestro jefe de batería. llegados a la posición, rápidamente colocamos nuestros obuses en batería posición de tiro y esperamos órdenes. 8:15 horas: se realizaron los últimos contactos entre la Fuerza Aérea y la artillería. Todo estaba listo. A las 8:20 horas surgió un inconveniente: el enemigo interfirió los equipos de radio y afectó las comunicaciones entre el puesto comando y nuestro jefe de batería que, con las piezas adelantadas, tenía la responsabilidad de cumplir la misión de fuego indicada.

Todo podría ser afectado seriamente. Afortunadamente, a las 8:25 horas se restableció el enlace por equipo de alternativa no interferido.

A las 8:29 horas se abrió el fuego por un lapso de aproxima-damente un minuto y medio, los aviones decolaron de Puerto Argentino y como SAETA al ras del suelo, en dirección es-te-oeste, se dirigieron a Monte Kent. A las 8:31 horas disparamos los proyectiles fumígenos, luego mi jefe de batería transmitió por radio al jefe del Grupo de Artillería 3: misión cumplida. Sólo cabía esperar el regreso de los Pucará; cada segundo que pasaba parecían siglos. A las 8:40, aproximadamente, apareció el primer avión, luego el segundo y finalmente el tercero. Más tarde, por contacto con la Fuerza Aérea, se tomó conocimiento de que las baterías enemigas fueron localizadas y atacadas, y que el enemigo disparó dos Blow-Pipe sin dar en el blanco. Luego regresamos, sin novedad.

Al volver de la posición, mi jefe de batería volvió a adelantar cuatro piezas a órdenes del Teniente Martínez Conti, hacia Monte Dos Hermanas, a efectos de ganar alcance hacia el oeste. Esta vez, Anchada y yo permanecimos en la posición. Al caer las posiciones indicadas, las piezas adelantadas quedaron en primera línea. El jefe de batería informó al jefe de unidad que había perdido contacto radioeléctrico con la sección adelantada que estaba a órdenes del Teniente Martínez Conti y que en esos momentos se encontraba a cuatro kilómetros de aquel lugar observando que el enemigo batía la zona.

Él jefe del GA 3 ordenó que preparásemos un cambio de posición de inmediato. Para facilitar el desprendimiento de las piezas adelantadas, mientras nosotros efectuábamos el cambio de posición, los cañones 155 mm bombardearon las posiciones inglesas. Eran alrededor de las 15 horas del 12 de junio. El enemigo se consolidó y reorganizó, lo que en alguna medida favoreció nuestro desprendimiento, no obstante el fuego intenso de contra artillería.

Un nuevo obstáculo surgió para los sirvientes de pieza de la Batería C.

Comenzó a lloviznar y ello, sumado a las lluvias anteriores, produjo que los obuses 105 mm se sumergieran en sus posiciones hasta los elásticos de las ruedas, dificultando sacarlos. La misión era recuperar todas las piezas y así se hizo. Uno a uno, los obuses fueron recuperados y llevados a la nueva posición. En este cambio de posición, mi jefe de batería me ordenó que el Cabo Bazán y yo debíamos hacernos cargo de dos piezas del Grupo de Artillería Aerotransportado 4, por cuanto los jefes de las mismas se encontraban heridos.

Nos presentamos al Jefe del GA Aerot 4, Teniente Coronel Quevedo, quien me destinó a la Ba Tiro «B» como jefe de la 4ta pieza y a Bazán de la 5ta. Esta posición se encontraba situada 800 metros al este de Moody Brook, al sur de la ruta que une el punto citado con Puerto Argentino. Integrados al GA Aerot 4, aproximadamente a las 23 horas del día 12 de junio comenzó el ataque. Nuestros esfuerzos no alcanzaban para cubrir todas las necesidades de apoyo de fuego que se nos requería.

El cansancio, el frío, la nevada, la oscuridad y otros factores climáticos lo complicaban todo.

Cada cambio de frente que teníamos que hacer se tornaba más dificultoso, debido a que el terreno muy blando se encontraba totalmente excavado en las posiciones de las piezas, enterrándose las ruedas y las flechas de los obuses. Debíamos empeñar a veces todo el servicio de piezas para lograr mover un obús en ese fango. El material era exigido fuera de los limites normales, siendo imposible respetar las cadenas máximas de fuego.

Mi pieza y la 5ta quedaron enterradas de tal forma que fue imposible moverlas, quedando apuntadas en dirección norte. Tiramos con este frente hasta quedar fuera de servicio por roturas en el mecanismo. Quiero destacar la gran ayuda que recibí de mi auxiliar en la pieza, el Cabo Jorge Scorcione del GA Aerot 4, quien en varias oportunidades me reemplazó para poder tomarme un descanso.

Día 13 de junio por la noche.

El movimiento era febril, no nos preocupaba el fuego de contrabatería enemigo, sino tirar y tirar a la mayor velocidad posible. Recibimos Siego de contrabatería enemigo desde distintos lugares, ya sea por parte de la artillería naval como terrestre. A pesar de las toneladas de proyectiles enemigo que nos llovía de distintos lugares, cuando la situación se hacia insostenible todos permanecíamos en nuestras posiciones cumpliendo con misiones de fuego.

Santa Bárbara Patrona de los Artilleros nos protegió y evitó que nuestras bajas fueran mayores. Muchos testimonios dan fe de ello: durante el fuego de contrabatería, un proyectil cayó en un refugio, con la consecuencia de algunos golpes que recibió el personal; nada más. Los refugios del personal del GA Aerot 4 estaban hechos con tambores de 200 litros rellenos de tierra por dentro, y las paredes y los techos con postes de madera, donde se colocaban los paños de carpa cubiertos con varias capas de tepes de turba.

La protección que brindaban era bastante buena. La situación se tornaba cada minuto más insostenible, nuestras posiciones de primera línea habían sido totalmente desbordadas y el enemigo avanzaba rápidamente. Las últimas alzas que se daban del CDT del GA Aerot 4 indicaban que estábamos tirando entre 1.500 y 1.800 metros, hasta que se dio la orden de continuar con puntería directa. Al personal de cuadros que ya habíamos quedado sin piezas por rotura de algún mecanismo, se nos ordenó pre-parar todas las armas portátiles disponibles y formar un perímetro de seguridad alrededor de la posición. El resto del personal debía manejar las tres pie-zas que todavía quedaban en servicio. La 3ra pieza quedó fuera de servicio al romperse el mecanismo de disparo y, minutos después, la segunda pieza al rompérsele el sistema de elástico.

Quedamos todos aferrados y alentando el fuego de la única pieza en servicio.

Nos sorprendió en ese momento un ataque de contra batería que motivó que nos metiéramos a los refugios.

A las 6 horas del día 14 de junio, el comandante de Puerto Argentino puso a disposición de la unidad los vehículos que fueran necesarios para hacer un cambio de posición a retaguardia, pero el caño- neo de la artillería enemiga era tan intenso que llevó al jefe del GA Aerot 4 a proponer no hacerlo porque hubiese ocasiona-do una gran cantidad de bajas. La situación se había tornado muy confusa. A las 8 de la mañana, el Teniente Coronel Quevedo ordenó al jefe de mi batería el cese del Siego y que permaneciéramos en nuestra posición a la espera de órdenes. Todo parecía haberse calmado de repente; comenzaba simultáneamente a tornarse todo de color blanco por la nieve caída. Alrededor de las 8:30 horas, observamos que el enemigo desplegado en formación de combate, avanzó hacia nuestras posiciones a una distancia de aproximadamente 600 metros.

El jefe de batería informó la novedad al jefe de unidad quien le ordenó que abra fuego con la pieza que aún quedaba en servicio, lo que hicimos y batimos al enemigo a 400 y 300 metros de la posición. Luego, ante la situación, desde el puesto de comando nos ordenaron que nos replegáramos a una zona en la retaguardia. Solamente permanecimos en la posición, la pieza que todavía quedaba en servicio -con su personal- el jefe Ba, el Of Ba, el CDT, el jefe, 2do jefe y operaciones del GA Aerot 4.

La pieza que aún estaba en condiciones de efectuar el disparo, cargó, pero el proyectil quedó atascado en la recámara, impidiendo que bajara el block de cierre. Pese a los esfuerzos realizados no se consiguió destrabar la pieza.

Siendo las 8:45 horas,

El jefe del grupo ordenó el repliegue del personal que quedó con esa pieza, a la vez que el ene-migo inició el fuego con sus morteros y artillería y batía la posición con armas livianas.

Después de una hora en que nos reunimos el personal del GA Aerot 4 en la ciudad, el único eco que aún persistía era el tronar de los cañones 155 mm y las piezas del GA 3, que se encontraban pegadas al camino de Puerto Argentino. Era mi unidad de origen, por cuanto yo me encontraba como fuerza agregada con el GA Aerot 4. Cuando el infierno del combate se transformó en un silencio absoluto, me reintegré a mi unidad, abrazándome con algu-nos camaradas suboficiales. Los ojos del personal de cuadros y soldados de mi unidad mostraban dolor y lágrimas e impotencia ante la derrota sufrida. Comprendí que habíamos luchado por nuestra Patria con todos nuestros es-fuerzos posibles. Tengo la satisfacción de haber cum-plido correctamente la misión como artillero y dentro del rol que me correspondía como suboficial subalterno de mi glorioso Ejército.

Relato extraido de la Revista Soldado

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